“Con el fin de estudiar la pandemia, los científicos han analizado muestras de tejidos infectados procedentes de las víctimas congeladas para identificar el virus. Debido a la extrema virulencia de este virus y a la posibilidad de saltarse, accidental o intencionadamente la cuarentena, existen controversias en las investigaciones hasta el momento realizadas. Una de las principales conclusiones de estos estudios es que no es el propio virus el capaz de matar, sino la tormenta de liberación de citoquinas que acontece tras la infección. La segunda conclusión importante es que esto no solo ocurre en población anciana o inmunodeprimida, sino que afecta también a personas con edades más tempranas, lo que hasta ahora ha sido poco común en la historia de las enfermedades infecto-contagiosas potencialmente mortales”.

Leyendo el párrafo anterior nos podemos sentir muy identificados con la actual pandemia COVID19 sin retrotraernos más en el tiempo. Pero por desgracia, la lectura del texto incluyendo sus conclusiones, no es otra que el aceptar que no hemos aprendido nada en los últimos 100 años. Todo lo arriba referenciado se escribió hace muchas décadas para hablar de lo que había sido hasta inicios del siglo XX una de las pandemias más mortales que ha sufrido España, la provocada por el virus de la gripe A H1N1. Más de un siglo después, decenas de miles de personas a lo largo de todo el mundo siguen sufriendo y muriendo por esta enfermedad. Entre esa gripe A H1N1 y la actual pandemia COVID19 han pasado ya más de 100 años, en los que no hemos podido dar una solución eficaz para la primera. Y en cambio, estamos exigiendo o suplicando a la comunidad científica que lo haga con el COVID19, tan solo seis meses después de su aparición. Y ello sin hablar de todo lo que hemos dejado en el camino con la pandemia del VIH, con centenares de miles de víctimas a sus espaldas, para la que tampoco tenemos tratamiento capaz de erradicar la infección tras ya casi 40 años desde su aparición.

En la época más exitosa de la medicina, cuando se han conseguido los mayores retos de su historia, no dejamos de acumular nuevas enfermedades: gripe A, VIH, COVID19. Todas ellas acaban siendo incurables al no ser capaces de erradicar estos virus. Esta cada vez mayor diversidad de las enfermedades emergentes, atacando dianas diferentes de nuestro organismo, junto con una cada vez menor biodiversidad genética y microbiana de nuestra propia especie, deja a la raza humana en un lugar muy vulnerable, al borde de su extinción en los siglos venideros.

Es un hecho demostrado que aquellas especies que suman con el paso de los años un mayor parecido genético, son más indefensas al efecto de nuevas enfermedades. Estas nuevas enfermedades son capaces de actuar sobre una diana común a todos los miembros de esa especie tan genéticamente parecidos.

La humanidad está en peligro constantemente y la solución no son los tratamientos milagrosos desarrollados en unos pocos meses o años, pues la historia de la medicina no deja de demostrarnos que esto es imposible. Ni las vacunas milagrosas que todavía seguimos usando frente a la gripe con el resultado único de perpetuar en el tiempo y la historia la enfermedad, ni las decenas de tratamientos que en sus inicios aparecen como milagrosos, han servido para erradicar estas infecciones, a pesar de las inversiones y beneficios multimillonarios generados.

Seis meses después de la última gran pandemia, no podemos decir más que, “bienvenido COVID19, viniste para quedarte; y esto ocurrirá irremediablemente, salvo que la humanidad llegue a entender de tus propósitos mucho antes de lo que hizo con otras enfermedades que te precedieron”.


Vicente Navarro es director de investigación de la Start Up Bioithas, ubicada en el parque científico de Alicante; jefe de la unidad de enfermedades infecciosas del hospital universitario Vinalopó de Elche; investigador principal del grupo Mibiopath de Fisabio y Director de la Cátedra de microbiota humana en la Universidad Católica de Murcia. Uno de los mayores expertos en el análisis de la relación entre microbiota humana y enfermedad.